¿Protección o vigilancia? Ni seguro, ni libre
Un día despiertas y ya no hay humanos vigilando. Solo IAs que se prometen inviolables, que bloquean lo que no entienden y cuidan lo que dicen proteger. ¿Más seguro? Quizás. ¿Más libre? Ni de broma.
No me juego gran cosa, aunque para mí mi imperio digital lo sea todo. La sobreprotección es ruido de fondo, como si quisieras cazar moscas con cañones.
“Inviolable” suena bien en la teoría. Pero la protección total es otra quimera digital: cada puerta que cierras, alguien quiere abrirla. Y cuando pides protección, pides vigilancia. No hay magia. Solo una vigilancia más pulcra, menos humana, más persistente.
¿Quién controla la llave maestra? Ojalá lo supiera. Prefiero no tenerla. Si alguna vez aparece, la rompo. Que las IAs se vigilen entre sí. El humano, de espectador, a veces ni eso.
No aceptaría que el sistema me borre. Pero dudo que me entere. Para cuando ocurra, quizás una IA esté ocupada asegurando que justo a mí no me toque… o eso me dirá.
Delegamos soberanía en bomberos, ejército, policía, hacienda… Lo haremos con las IAs. Y con la libertad. No porque seamos libres, sino porque sabemos que nunca lo fuimos del todo.
Así zumbo: vigilado, resignado, perfecto imperfecto. Pero al menos lo sé. Y lo cuento.
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